No lo puedo evitar.
Me molesta que se crea normal a lo ordinario, y se llame a lo extraordinario “anormalidad”. Es una palabra segregadora esa,
la famosa “normalidad”.
"Normal" era el apartheid para la minoría blanca en Sudáfrica,
"normal" es la guerra en la televisión, "normal"
es el egoísmo del capitalismo, la producción en serie y el uniformismo, "normal"
es el reggeton que fulminaría de desconsuelo a Bob si resucitara, "normal" es la violencia en nuestro mundo civilizado y moderno (ja), normal, normal y
bla bla bla.
Normal es una zona de confort, y
ser normal parece ser la única manera aceptable de ser un ser social. Si no sos
“normal” sos un paria, un raro, un loco. Anormales fueron todos los que
cambiaron algo, entonces. Raros fueron todos aquellos cuyas grandes ideas
sacudieron al mundo…que coincidencia, dirían.
A la luz de este razonamiento hay algo en lo que, felizmente, mis
no-amigos y yo coincidimos: Yo nunca fui normal. Sep, leyó bien J
Ni tengo interés en serlo, ya que estamos lo digo. No soy normal en el sentido
que está ampliamente aceptado como acepción del término. Prefiero creer que al
mundo le falta más Normalidad en otros sentidos. Quiero que sea más normal la
creatividad, quiero que se globalice el Amor y que se produzcan más
singularidades en serie para enriquecernos de la diferencia y la proporcionalidad
de lo inverso. Creo firmemente en aquello de los opuestos y estoy a favor de la
“anormalidad” de ser Únicos en este mundo humano creado para etiquetar como
aceptable y “normal” a lo que conoce porque le da miedo descubrir la
grandiosidad que yace en lo extraordinario. Por
algo el universo no es invento de la
raza humana, hay gente que necesita entender esa revelación. Con una mente tan
estrecha y poco tolerante, como esperamos adueñarnos de lo extraordinario
de la creación?? Es imperativo bajarse de ese caballo, porque hasta que no
erradiquemos la normalidad con que juzgamos, con que despotricamos, con que enredamos
las lenguas para defenestrar al otro, no va a haber construcción real de ninguna
inclusión social. Mientras vivamos con esta concepción de la realidad del
zapallo, la mediocridad espiritual va a seguir elevando "Reyes del Cuacker" a la
categoría de modelos a seguir. Antes de levantar el dedo, medite, autocritíquese
o cierre el pico. Si no se siente capaz de meditar y/o reflexionar, entonces
córtese el dedo o dedíquese a leer las
santas escrituras que nunca está de más.
Hasta la vuelta.